Con Rumbo a la Bahía que fuera Blanca alguna vez…

Hola a todos, hacía mucho que no escribía así que hoy me dispuse a hacerlo otra vez. La verdad es que no sabía si compartir esta historia porque estuve bastante enojado durante varios meses, pero como ya ha pasado mucha agua bajo el puente
me dispongo a compartir mi primera mala experiencia como viajero. No fue tan mala como pareciera, seguramente un viajero entrenado en las dificultades que presenta la ruta habría sabido gambetear mejor que yo la situación que se me
presentó, sin embargo lo que yo entendí como injusticia recibida fue lo más molesto.

Sin más preámbulos he aquí la historia. El pasado verano del corriente año me dispuse a viajar a dedo hacia el sur de mi país. Arranqué desde Córdoba Capital y viajé en colectivo a Alta Gracia y desde ahí comencé a hacer dedo en
dirección sur, como quien va para Río Cuarto. Mi primer objetivo en el mapa era General Pico – La Pampa, ahí vive un querido amigo que me recibiría por dos días y medio. Lo pasamos genial, el loco es chef así que una de las noches
preparó una cena superabundante y por demás de rica, no recuerdo bien cómo se llama, pero era algo con carne y arroz. A la mañana siguiente emprendí nuevamente mi ruta, la siguiente parada: Bahía Blanca.

formato fotos acostadas con marca de aguaEsta es la tremenda cena en General Pico

Sueño con Bahía Blanca desde niño, nunca viví ahí, pero cada vez que escuchaba el nombre de la ciudad se me hacía un paraíso, un lugar que debía conocer. Cuando niño viví en la ciudad de al lado, Punta Alta, pero como Bahía tiene más fama (y glamour) siempre quise conocerla de cerca. Por lo cual hacia allá fui. Llegué a la ciudad alrededor de las 18 hs, no aguantaba tanta alegría estar ahí por lo cual disfrutaba de cada paso que daba. Cuando llegó la noche, decidí ir a la casa de un supuesto familiar y caerle de sorpresa. La sorpresa me la llevé yo cuando me dijo que estaba viviendo en Punta Alta y que me esperaba al otro día por la mañana para desayunar. Sin preocuparme, me dispuse a buscar un lugar donde pasar la noche, no disponía de mucho efectivo así que fútilmente recorrí varias calles buscando un hostel sin éxito. También busqué en internet con el teléfono, pero sin resultados. Así que se me ocurrió la idea más descabellada que podría haber pensado: ir a una iglesia. Como las iglesias católicas de alrededor estaban cerradas y sin luces, busqué en google algunas evangélicas cerca del centro para no tener que caminar mucho, de manera tal que encontré dos posibles, hacía allá me dirigí. Afortunadamente había gente, poca, pero había. Entré y pedí para hablar con alguien porque tenía una necesidad, rápidamente un flaco de más o menos mi edad salió del amplio salón que contenía un enorme escenario y alrededor de 400 sillas y me preguntó que necesitaba. Muy sencilla fue mi respuesta:

YO: Necesito un lugar donde dormir porque me quedé sin lugar donde pasar la noche, yo mañana a primera hora sigo de viaje.

FLACO: Hola, sí, mirá si hacés tantas cuadras para allá y luego doblas… y tal y cual… y vas a encontrar un hotel muy barato.

YO: No, no me estás entendiendo, te estoy pidiendo a vos si por favor me ayudas, no tengo donde dormir y dispongo de poco dinero.

FLACO: Mirá, hay un hotel muy barato…

YO: No – te digo – necesito si me podés ayudar, no tengo drama en dormir en el piso, dispongo de colchoneta, no pido una cama; sólo quiero no dormir en la calle, un espacio muy chico en el suelo me sirve. A primera hora me voy.

FLACO: No, mirá, no es lógico que yo te reciba. Yo me voy a trabajar a las 03:00 am y no te puedo dejar con mi esposa y mi bebé solos.

YO: Está bien, no hay problema – le digo -, ¿con quién más podría hablar para ver si tienen un espacio en su casa para que me reciba?

FLACO: NO, yo estoy a cargo y no podés hablar con nadie acá.

YO: Bueno, está bien. Vamos a hacer una cosa, tomá mi tarjeta personal acá está mi teléfono y mi dirección de e-mail; si alguna vez vas a Córdoba me contactás y yo te hospedo en mi casa, no te voy a mandar a un hotel como vos estás haciendo conmigo. Chau.

FLACO: Chau, que dios te bendiga.

YO: No, que dios te bendiga a vos por la injusticia que estás cometiendo.

Ya sé que van a pensar, que soy un idiota. Y tienen razón. ¿Quién carajo me manda a meterme ahí sabiendo lo que todo el mundo sabe de las religiones organizadas? Pero bueno, yo guardaba la esperanza que tenían el mínimo interés de ayudar al prójimo como dicen hacerlo, pero resulta que no. Salí enojadísimo de ahí, y me fui en dirección al centro, a la plaza principal. Totalmente confundido por lo que había experimentado, seguí caminando hasta que oí a un flaco que me gritaba “¡hippie!” “¡eh! ¡hippie!”, cuando me doy vuelta era un tipo muy piola que me preguntó que andaba haciendo, yo le respondí que estaba buscando un lugar dónde dormir y que había ido a una iglesia y me habían dado la espalda; a lo cual me respondió de la forma más natural del mundo: ¡Pero claro, si es la iglesia! (Palabras textuales). Yo no entendía nada, pero la cuestión es que sin dudarlo me ofreció cama y comida esa noche a unas veinte cuadras de ahí, eran varios que ya estaban por ir. De pronto pensé que me quedaba lejos de la ruta para salir caminando a la mañana siguiente así que decidí buscar otra opción. Y como cabeza dura que soy, me fui a otra iglesia que había marcado en el mapa para ver si me ayudaban. La cuestión que el panorama no mejoró, llegué a un edificio enorme dónde estaba lleno de sillas vacía y había un grupo de unas diez personas viendo una de esas películas del tipo: “hay que seguir a Jesús”. Piola dije yo, capáz estos se dan cuenta que soy prójimo y me ayudan. Y allá entré. El panorama era similar al anterior, un edificio grande con cientos de sillas y algunas personas reunidas, un escenario con instrumentos musicales (en cuya batería había una lona impresa con la frase: “en esto conocerán que son mis discípulos, en que tienen amor los unos por los otros). El grupo anterior estaba ensayando música, este nuevo grupo estaba viendo una película. Al entrar, rápidamente salió un muchacho más alto que yo preguntándome qué se me ofrecía.

YO: Hola que tal, ando buscando un lugar donde pasar la noche porque me quedé sin lugar donde dormir. Me iba a ir a Punta Alta a lo de un familiar pero no forma parte de mi viaje, además me dijo que no me podía recibir hoy.

TIPO: Mirá, acá no te podemos recibir.

YO: ¿Cómo que no me podés recibir? ¿Acaso uds. no son cristianos y ayudan a la gente? ¿Acaso no dijo Cristo que hay que ayudar al pr…

TIPO -Interrumpiéndome- No importa lo que dice Jesús, lo que importa es que acá no se puede.

YO: -Al verlo que no le interesaba discurrir sobre nada- Le digo: Bueno, dejame hablar con alguna otra persona de la iglesia a ver si puede alguien ayudarme.

TIPO: No, no podés hablar con nadie. Acá el encargado soy yo.

YO: -Viendo que me cerraba todos los caminos- Le dije: mirá, no te quiero generar ningún problema; y disculpame si de algún modo te estoy molestando en algo. Yo vengo acá en posición de fragilidad y con una necesidad clara. Si no se puede ayudarme decime y sin ningún problema me retiro, lo que menos quiero es generarte un problema. No hace falta que me den una cama ni comida ni nada, sólo no quiero dormir a la intemperie. Lo que sí, te pido si es no que me lo digas rápido porque son las 22:30 y ya se me hace tarde para buscar otro lugar.

TIPO: Bueno, voy a hablar con el pastor y yo te digo.

Entonces asentí y me invitaron a sentarme con el grupo que veía la película. Me compartieron algo para tomar, y sin más lloré. Cansado por el viaje y por la injusticia que sentía al experimentar eso. No pasó mucho tiempo hasta que se me
acercó de nuevo y me dijo:

TIPO: Mirá, hablé con el Pastor y me dijo que no hay lugar acá para vos. Disculpame pero él es la autoridad de acá y tengo que respetarla.

YO: Bueno -y sin más me levanté para salir-. Un poco más lejos del cine improvisado le dije: disculpá si te molesté en algo, no era mi intención.

TIPO: No hay problema. Tal vez exista la posibilidad que te paguemos un pasaje a Punta Alta.

YO: No, yo no vine a pedirte plata.

TIPO: No dije que te íbamos a dar plata, sino que tal vez te paguemos un pasaje.

YO: No, gracias. Yo no vine a pedir QUE ME PAGUÉS UN PASAJE, te vine a pedir un lugar para dormir. Igual, gracias.

Y así fue como salí. Pensando dónde iba a pasar la noche, dejé suspendidas las reflexiones de lo vivido para otro momento. Minutos después lo resolví, me metí dentro de una estación de servicio, en la parte del shop, y pedí un café y la clave de wifi. Me quedé conectado toda la noche, llegado el amanecer me fui.

Como dije al inicio de esta historia no fue una tragedia lo vivido, de hecho creo que salí bastante airoso del problema, aunque no dormí pero disponía de los recursos como para improvisar. Reflexionando un poco en la historia me imagino pensando a mi lector: “nadie tiene la obligación de darte un lugar dónde dormir” “nadie está obligado a ayudar a nadie”, y estoy de acuerdo es por ello que en las dos ocasiones me presenté con una necesidad y un pedido, no exigí para nada como si fuera merecedor de algo o si me debieran algo. Pero lo que me supuso una injusticia fue el hecho de que la gente que me recibió dice ser alguien, dice practicar algo, dice que ama a los otros, dice que ayudan, y dicen otras muchas cosas más; y yo como soy una persona idealista, ilusamente imaginaba que aquellos con los que hablé pretendían vivir tratando de ceñirse a lo que predican pero veo que no es así. Me resultó una injusticia que dos personas no me dejaron hablar con el resto como si fueran dueños de los que estaban ahí reunidos. Me fue injusto que quien me estaba dando la espalda inventó una argucia tal como “la autoridad de acá dice” para lavarse las manos y no hacerse cargo.
Es totalmente injusto que haya edificios lleno de espacio vacío predicando el amor en lonas impresas mientras hay gente durmiendo en la calle. ¡Pero claro, si es la iglesia! me decía el hippie de la plaza, que me ofreció comida y cama sin preguntarme siquiera cuál era mi nombre. ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro? ¿El miedo a que le roben? ¿Cuál es la compasión entre uno y otro? ¿En qué universo cabe decir “no es lógico ayudarte” y “no podés hablar con nadie” cuando el libro que ellos venden dice “más bienaventurado es dar que recibir”? ¿De qué sirve secarse la cabeza todo el día con un libro al cual no se le da pelota en lo más básico? Cabe a éstos un famoso aforismo que leí en un libro:
“Busqué grandes hombres en el mundo, sólo me encontré con los monos de su ideal”.
Pero no quiero ser tendencioso, simplemente quiero comprender. Por el hecho que me haya cruzado con dos mamertos que me respondieron lo que se les cantó la regalada gana no implica que todos los que prediquen el cristianismo lo sean; sería como cruzarme con dos argentinos vegetarianos y en función de eso concluir que en argentina no se come carne. Para hacer una crítica válida tendría que mirar todo el panorama de dos mil años, y este blog no tiene esos intereses; sino contar algunas experiencias y algunas reflexiones sacadas de ellas.
La vida no es lo que uno se imagina es lo que es, afirma el viejo Iorio. Y así es querido, esto que llamamos vida es una trama compleja de contingencia, fenómenos y apariencias que no cabrían las páginas de millones de libros para describirla; pero lo que claro está es que el mundo está ahí fuera, no está en las mentes de aquellos que tienen miedo de ir a experimentarla, descubrirla y redescubrirla, la vida no está en las explicaciones que te da la tele, los que nunca salieron a la calle (como estos dos mamertos) o los libros de Bucay o Cohelo. Me atrevo a decir que de las tres personas con las cuales interactué esa noche, el tipo de la plaza la tenía más clara como vivir lo que creía.

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